El joven con el libro secreto

El joven con el libro secretoHay un pequeño cuadro conservado en la Pinacoteca del Castillo Sforzesco, que merece una atención especial. Este es el “Retrato de un hombre joven con un libro”, atribuido al veneciano Lorenzo Lotto, un artista de gran talento del manierismo que vivió a la sombra de los grandes artistas de la época como Tiziano y sus contemporáneos, Giorgione, Rafael y Miguel Ángel. Ciertamente, no es fácil ser una “estrella” entre estos gigantes de la pintura. A esto se añade su carácter particular, o sea, esquivo y sensible, que lo lleva a trabajar en centros periféricos menores del punto de vista artístico.
Sus obras, sin embargo, demuestran gran maestría, reconocida universalmente con el tiempo. La habilidad de Lotto se encuentra en los retratos y, de hecho, es el tipo de pintura donde el artista puede expresar su sensibilidad de espíritu. La principal característica de los retratos de Lotto, debido a su capacidad para llegar a niveles muy profundos de introspección psicológica, es el gran poder expresivo de los personajes, en los que el artista veneciano evidencia el nivel social al que pertenecen, su naturaleza y su estado de ánimo, tan visiblemente perceptible por el espectador, incluso el menos experto.
En el caso de este óleo sobre tabla (34,5 cm x 27,5 cm), de fecha aproximadamente 1526-1528, el joven está representado de medio cuerpo, girado de lado con la cabeza de tres cuartos y mira fijamente a los ojos del espectador; así que parece que, justamente, nuestra presencia le molesta porque estaba ensimismado, leggendo ese libro que está teniendo en sus manos, y que cierra rápidamente para que no podamos dar un vistazo a lo que estaba leyendo. En ese momento, nos parece percibir que hemos invadido su privacidad y que este chico esté justamente, ahí, delante de nuestros ojos, porque el artista ha logrado captar un momento que parece inmortal, un gesto que se reproduce infinitamente cada vez que ponemos los ojos sobre él. La luz es una diagonal que parte desde la derecha y corta en dos partes el cuadro, haciendo hincapié en los ojos del joven y enfatizando su piel pálida en contraste con las prendas de color oscuro. Vale la pena ir a verlo. Seguramente no será una de las personas más amables que se encuentran en el Castillo Sforzesco, pero seguro que tiene mucho que decir, con los ojos, por supuesto.

 

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