La Cena de los peregrinos de Emaús de Rembrandt

Cuadro Cena  de los peregrinos en Emaús - Rembrandt - visitas guiadas milan españolVisitando la Pinacoteca di Brera de Milán, una de las pinturas que crea más expectativas para los visitantes es seguramente la Cena en Emaús de Caravaggio, que no es posible ver en estos momentos porque está en préstamo en París en el museo Jacquemart-André, hasta fines de enero. En su lugar ha sido colocado el cuadro denominado La Cena de los peregrinos de Emaús de Rembrandt. Y es de ésta obra de arte que les quiero hablar.

Cuando uno entra a la sala XXVIII de Brera, se siente decepcionado al no encontrar el cuadro de Caravaggio colgado, mucho más grande que el pequeño lienzo del pintor holandés. Sin embargo, este breve sentimiento de pérdida, se compensa de inmediato, tan pronto como el ojo se centra en los detalles, que de hecho son pocos y algunos casi imperceptibles. Una habitación pequeña, una vivienda humilde y con pocas cosas. Probablemente el interior de una típica casa de campo holandesa, por la noche, a la luz de las que no se ven, pero que suponemos que sean velas.

Lo que por primero llama la atención del observador es la fuente de luz que ilumina fuertemente la escena en dos puntos precisos, uno detrás de Cristo con la función de resaltar la mesa y un discípulo sentado en ella; el otro sector iluminado es la esquina en el fondo de la habitación, recurso que define sus proporciones y volúmenes, y que permite ver a una mujer que realiza las tareas domésticas, tal vez una criada.

El segundo gran protagonista es la oscuridad que envuelve a los personajes, rodeándolos. Cristo se ve sentado y es difícil distinguir su cara; está representado de perfil y de contraluz y aún menos se nota el discípulo que está arrodillado a sus pies, como signo de reverencia hacia su maestro. Pero importan poco los detalles y que sea una imagen demasiado pequeña para compararla con la gran Cena en Emaús de Caravaggio, porque este pequeño lienzo es una experiencia mística intemporal, que subraya la presencia del elemento divino, casi que Rembrandt presenciase el momento, como un discípulo, para reproducir así el verdadero sentido de la percepción de la divinidad de Cristo resucitado.

Personalmente, guardaré en mi memoria como un tesoro esta obra de arte que dentro de pocos meses volverá a París, pero durante todo el mes de febrero, cuando el cuadro de Caravaggio regresará a Brera, se podrán comparar los dos lienzos de estos dos gigantes del mundo del arte. Mi consejo es que no se pierdan de verlos.