La "Canasta de fruta" ¡qué no se mueva!

 Canasta de fruta de CaravaggioEntre 1594 y 1598 Caravaggio se encuentra en Roma. La “Canasta de Frutas” la pinta en el taller del Caballero de Arpino, donde está trabajando. Ahora esta pequeña obra de arte (óleo sobre lienzo, 47 x 62 cm) se encuentra en Milán, en la Pinacoteca Ambrosiana, inamovible, según una disposición del cardenal Federico Borromeo que la compró en Roma en 1607 y la donó a su muerte a la Pinacoteca Ambrosiana.

Federico Borromeo era un hombre de gran cultura, fascinado por el género de los bodegones flamencos, un tema considerado de menor importancia comparado con el tema de la representación de figuras humanas, sagradas o profanas.
Analicemos el cuadro en detalle. No es posible distinguir exactamente sobre que cosa está apoyada la canasta que sale ligeramente respecto al plano de apoyo. La fruta se encuentra en el centro de un fondo neutro y es la protagonista de la pintura. En primer plano, se yuxtaponen uvas negras y uvas blancas, y dos higos blancos, a la derecha. Siempre en la parte superior, pero en segundo nivel, aparece un limón, una manzana, un higo negro, una pera y uvas rojas. Por último en el tercer nivel, el más alto, el conjunto está coronado por otro higo negro, de nuevo uvas blancas y un melocotón. Se aprecia además la difusión de hojas de vid, de limón y de durazno que aún están unidas por las ramas a la fruta. La pintura es tan natural y real que parece posible, extender la mano para recoger la manzana que está picada. Al igual, la hoja de vid, al lado de los higos, se está secando y la baya de uva, al lado del melocotón, ha perdido su consistencia y está también marchitando. Pero esta imagen no es sólo una simple muestra de destreza técnica del artista realista. Hay algo más. Es un profundo significado simbólico, que es la fugacidad de la vida. La manzana picada, de hecho, marcada por un gusano como una enfermedad, nos recuerda nuestra efímera existencia. La baya de uva que pierde consistencia y las hojas, que encomienzan a secarse con el pasar del tiempo, declaran que nadie puede escapar a su destino. Y no faltan las referencias a la tradición cristiana, que usaba flores y frutas como símbolos cristológicos: la uva negra y la blanca simbolizan la Pasión y la Resurrección, respectivamente.

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