Simbolismo – El Elegido de Ferdinand Hodler

El elegido - visitas guiadas MilánEl simbolismo es un movimiento artístico que se remonta a fines del siglo XIX. Fue en sus comienzos una reacción literaria contra las ideas naturalistas y realistas, que exaltaban la realidad cotidiana y considerándola como ideal. Estos movimientos causaron un recio repudio en la juventud parisina, llevándolos a exaltar la espiritualidad, el mundo imaginativo y el onírico. El primer poeta que reaccionó fue el artista francés Charles Baudelaire. En efecto, el movimiento tiene sus principios en Las flores del mal, libro insignia de Baudelaire.
La pintura simbolista manifiesta su interés por lo subjetivo, lo irracional. Traspasa la apariencia física del objeto, alcanzando lo sobrenatural, que va unido a lo religioso. Los pintores y poetas ya no pretenden plasmar el mundo exterior, sino que el onírico y fantástico por medio de la alusión mediante el símbolo.
La pintura simbolista se propone como medio de expresión del estado espiritual, emocional y de las ideas del individuo, a través del símbolo o de la idea. Entre los temas más importantes que esta pintura ha abrazado, encontramos la religión, incluso precursora de la espiritualidad, es quizás el tema más complejo y fascinante, desarrollando una pintura en gran medida trascendente, en la mitad entre irracionalidad mística y pasión intensa física y carnal: una dualidad, a menudo, vivida con ambigüedad y sofocante culpa.
Entre los exponentes más importantes del simbolismo se recuerda el pintor suizo Ferdinand Hodler, que sigue su personal principio de paralelismo basado en una composición que caracteriza todas sus obras y consistente en la repetición de formas semejantes dando a su pintura coordinación arquitectónica y ornamental, combinando naturalismo con abstracción. En su cuadro El Elegido de 1903, presente en estos momentos en la Muestra sobre el Simbolismo, en Palazzo Reale de la ciudad de Milán, el artista representa un prado florido con seis figuras angelicales flotantes que parecen bailar lentamente alrededor de la figura de un niño, desnudo, de cuclillas, delante de un pequeño arbusto, las manos juntas, con la vista dirigida hacia arriba, como alegoría de la pubertad o de la primavera, combinando elementos cristianos y paganos, usando un lenguaje iconográfico formal y expresivo totalmente nuevo.

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