De los Alpes a Milán: un viaje por las vías navegables.

Volvemos a hablar de los Navigli. Sin embargo, esta vez nos concentramos en una de las grandes obras que aprovechó la navegabilidad de los ríos y canales y que permitió a Milán la construcción de su hermosa Catedral de mármol rosa. Este mármol proviene de las canteras de mármol de Candoglia (Val d’Ossola), perteneciente al municipio de Mergozzo, en la provincia de Verbano-Cusio-Ossola. En línea recta se encuentra a unos 82 kilómetros de Milán, y está claro que, dado que la obra de la catedral comenzó en 1386, los bloques de mármol no llegaban a Milán en helicóptero, pero por otras vías, precisamente a través de los cursos de agua. Si tenemos en cuenta el enorme peso de cada bloque de mármol y la distancia entre Candoglia y Milán, es un eufemismo hablar de gran hazaña.
El Señor de Milán, Gian Galeazzo Visconti, fue quien quiso que la catedral fuese construida con mármol de Candoglia. Y por lo tanto otorgó a la Fabbrica de la Catedral (durante su construcción) el derecho de extraer el mármol de las canteras. Luego, en 1474 el duque Galeazzo Maria Sforza garantizó el uso exclusivo de mármol de Candoglia para la construcción de la Catedral. Y hoy en día, todavía está garantizado.
Veamos el recorrido de los bloques de mármol. La operación, durante los primeros doscientos años (la catedral se construyó durante muchos siglos), lleva rasgos “a la manera italiana”, porque dado que las canteras estaban a aproximadamente 700 metros de altura, y que los bloques tenían que alcanzar los buques, la solución para desplazarlos fue hacerlos rodar en caída libre por las laderas. Hasta que un día la indignación de un arquitecto del siglo XVII puso fin a la operación, usando un metodo más adecuado. Una vez abajo, los bloques se embarcaban y navegaban por el río Toce hasta desembocar en el Lago Maggiore. Luego cruzaban el lago y en la ciudad de Sesto Calende continuaban por el río Ticino, siguiendo su curso hasta la sangradera del Naviglio Grande (ahora en la ciudad de Tornavento, provincia de Varese). Finalmente el barco entraba en Milán. Es menester recordar que hasta 1439 no fue posible que los bloques llegasen cerca de la obra en costrucción porque no se podía aprovechar el Laguito de San Esteban (lugar popular como desembarcadero cerca de la Catedral) dado que el Cuenco Viarenna, como mencionado en el post “sistema de esclusas”, no fue realizado sino que a partir de esa fecha. Es claro que si se tiene en cuenta solamente el trabajo duro que ha representado el transporte del mármol de un lugar así lejano, con los medios de esos tiempos, podemos comprender porque la Catedral sea tan preciosa y, además, como eran las ambiciones de los Visconti y de los Sforza.
Curiosidad: sobre los bloques de mármol estaban inscritas las palabras “AUF”, es decir, << Ad Usum fabricae>> y por eso es interesante señalar que está inscripción se ha convertido en un modo del lenguaje para expresar algo que es gratuito. ¿Gratuito porqué? Porque los mármoles estaban exentos de derechos e impuestos a los cuales eran sujetos otros bienes que entraban en la ciudad.

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